Trescientos diecinueve muertos. Cuatro mil cuatrocientos sesenta y nueve heridos. Casi 300.000 personas afectadas. Familias que todavía buscan a sus desaparecidos entre escombros. Y en medio de eso, la réplica del Pacto Histórico contra Abelardo de la Espriella dedicó 17 minutos de cadena nacional a hacer política con la emergencia. Hay algo profundamente desubicado en eso.
Empecemos por lo que sí corresponde reconocer, porque este blog no está para hacer propaganda.
La oposición tiene derecho constitucional a la réplica. El Estatuto de la Oposición existe precisamente para garantizar que quien pierde una elección pueda seguir controvirtiendo al Gobierno. Eso es democracia y hay que defenderlo aunque incomode.
Incluso hay críticas dentro de esa réplica que merecen respuesta seria y no descalificación. Pero la pregunta que este artículo se hace es otra: ¿era este el momento?
Qué dijo la réplica del Pacto Histórico
La intervención se transmitió el 19 de agosto a las 7 de la noche por todos los canales, con una duración de 16 minutos y 36 segundos. La abrió el senador Iván Cepeda y la cerró el expresidente Gustavo Petro.
Los puntos centrales de la réplica
- →Que la falta de empalme convirtió las primeras 100 horas en «un desastre»
- →Que el buque hospital Benkos Biohó se activó tarde por desconocimiento del nuevo Gobierno
- →Que hubo «filtros ideológicos» que restringieron el ingreso de brigadas internacionales
- →Que las donaciones empresariales son insuficientes: «¿De las limosnas de los ricos?»
- →Que la solución es retomar la reforma tributaria que buscaba recaudar 20 billones
«Limosnas de los ricos»: la palabra que cruzó una línea
De todo lo dicho, hay una expresión que merece detenerse: llamar «limosnas» a las donaciones que están recibiendo los damnificados.
Recordemos de qué estamos hablando. Como documentamos hace unos días, la familia Gilinski donó 150.000 millones de pesos para reconstruir hospitales y escuelas en Cali. A eso se suman aportes de la familia Santo Domingo, David Vélez, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Bavaria, Ecopetrol, Tecnoglass, Cemex, Grupo Argos y decenas de empresas más.
Se puede debatir —con toda legitimidad— si el sector privado colombiano debería aportar más, si el sistema tributario es justo o si la carga de la reconstrucción está bien repartida. Ese es un debate válido y necesario.
Lo que no se puede es usar la palabra «limosna» para describir un aporte destinado a construir el hospital donde se va a atender a un niño herido. Porque el insulto no llega solo al donante: llega también a quien recibe la ayuda. A la familia que va a dormir bajo un techo pagado con ese dinero.
Y hay una incoherencia difícil de sostener: en el mismo mensaje se dice que las donaciones son insuficientes y que son limosnas. Si el problema es que aportan poco, el camino lógico es pedir que aporten más, no despreciar lo que ya entregaron. Descalificar públicamente a quien acaba de donar es la forma más eficaz de garantizar que el siguiente no done.
Lo que sí hay que reconocer de las críticas
Ahora el ejercicio incómodo, el que separa el análisis de la propaganda: hay dos señalamientos de la oposición que tienen sustento y el Gobierno debería responder.
1. El empalme suspendido
Es cierto que el empalme entre gobiernos no se realizó de manera normal. Siendo presidente electo, De la Espriella ordenó suspender el proceso porque Petro no reconoció su victoria, y finalmente se hizo a través de la Contraloría.
No es solo la oposición quien lo señala: la revista The Economist publicó una crítica en el mismo sentido, advirtiendo que el nuevo gobierno llegó sin información completa ni capacidades instaladas justo cuando más las necesitaba.
La responsabilidad de esa ruptura es compartida y tiene su origen en el desconocimiento del resultado electoral. Pero el costo lo pagó la respuesta a la emergencia, y eso amerita una reflexión institucional seria sobre cómo blindar los empalmes de las peleas políticas en el futuro.
2. El buque hospital Benkos Biohó
Sobre este punto el Gobierno ya dio una explicación técnica. La ministra de Salud, Ana María Vesga, aclaró que la embarcación no estaba operativa porque no tenía personal ni combustible, que su última misión había sido el 14 de junio de 2026 y que reactivarla tomó tres días de gestión con el Hospital Universitario del Valle.
Y agregó una frase que debería cerrar la discusión: el barco no es de uno u otro gobierno, es de los colombianos.
Esa respuesta parece razonable. Pero el episodio deja una lección: una capacidad estratégica que queda sin personal ni combustible cuando cambia un gobierno es una capacidad que no existe cuando se necesita.
El problema de fondo: la urgencia de tener razón
Aquí está lo que a mi juicio explica el malestar que produjo esa réplica en buena parte del país.
Colombia lleva diez días contando muertos. Todavía hay más de cuatrocientas personas desaparecidas. Hay municipios del Chocó sin electricidad. Hay familias durmiendo en albergues. Y en ese contexto, el debate público se desvió hacia quién tiene la culpa en lugar de qué falta por hacer.
No es un reproche exclusivo para un lado. Cuando el Gobierno responde a las críticas con descalificaciones en redes en vez de con cifras de ejecución, cae en la misma trampa. El país no necesita que ninguno de los dos bandos gane la discusión de Twitter. Necesita que lleguen las carpas, el agua y los subsidios.
La pregunta que más incomoda es simple: si esa misma energía dedicada a la réplica, a los trinos y a las contrarréplicas se hubiera dedicado a coordinar ayuda, ¿cuántas familias más estarían atendidas hoy?
«Una tragedia con 319 muertos no es una tarima política. Es una emergencia humanitaria donde cada hora que se gasta en discutir culpas es una hora que no se gasta en atender damnificados.»
Lo que le corresponde exigirle a cada lado
Para que este artículo sirva de algo más allá del desahogo, dejo lo que a mi juicio hay que exigirle a cada parte:
Al Gobierno de Abelardo de la Espriella
- ✓Publicar cifras diarias de ejecución: cuántas familias atendidas, cuántos giros hechos, cuánto dinero desembolsado
- ✓Responder las críticas técnicas con datos, no con descalificaciones
- ✓Aclarar públicamente el estado de la ayuda internacional y qué brigadas están operando
A la oposición
- ✓Sustentar cada señalamiento con evidencia verificable, no con afirmaciones generales
- ✓No descalificar a quienes están donando, aunque se considere que deberían aportar más
- ✓Mostrar qué está aportando en el terreno, no solo qué critica desde el micrófono
Conclusión: los damnificados no votan por partidos
En Roldanillo, en Quibdó, en Pereira y en Buenaventura hay familias que perdieron todo. A ninguna de ellas le importa si la ayuda la manda un gobierno de derecha o de izquierda. Solo quieren que llegue.
Esa es la vara con la que se debería medir todo lo que se dice estos días. No por quién ganó el debate de anoche en televisión, sino por cuántas familias tienen hoy techo, agua y comida que no tenían ayer.
Este blog va a seguir haciendo ese seguimiento con cifras, mes a mes. Y va a exigirle al Gobierno que apoya con la misma firmeza con la que hoy cuestiona a la oposición. Porque cuando hay 319 muertos de por medio, la lealtad política vale mucho menos que la verdad.
Fuentes: El Espectador · Infobae · El País · El Colombiano · France 24
Nota: las cifras corresponden al reporte de la UNGRD con corte al 18 de agosto de 2026 y continúan actualizándose.
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