Abelardo de la Espriella anunció este domingo 16 de agosto que la familia Gilinski donará 150.000 millones de pesos —cerca de 48 millones de dólares— para reconstruir hospitales, centros de salud y escuelas en Cali. Es la mayor donación privada registrada hasta ahora tras el terremoto que dejó 289 muertos y más de 185.000 personas afectadas.
Hay gestos que se explican solos y no necesitan mucho análisis. Este es uno de ellos.
En medio de una tragedia que golpeó a 450 municipios de 15 departamentos, una familia colombiana decidió poner una cifra sobre la mesa que equivale al presupuesto anual completo de varios municipios del país. Y decidió destinarla a lo más urgente: que los niños vuelvan a tener escuela y que los enfermos vuelvan a tener hospital.
«Todo mi agradecimiento y reconocimiento a la familia Gilinski por este extraordinario gesto de solidaridad con Colombia. En los momentos más difíciles se conoce a los mejores ciudadanos.»— Abelardo de la Espriella, 16 de agosto de 2026
Los detalles de la donación
La decisión fue comunicada primero en una llamada telefónica al presidente y luego formalizada en una carta fechada el 16 de agosto, firmada por Jaime Gilinski Bacal, presidente del Grupo Nutresa, y su esposa Raquel Kardonski de Gilinski.
Qué contempla el aporte
- → Monto: 150.000 millones de pesos (aproximadamente 48 millones de dólares)
- → Destino: hospitales, centros de salud y establecimientos educativos
- → Ciudad: Cali, una de las más golpeadas por el sismo
- → Canalización: a través de los mecanismos oficiales que disponga el Gobierno nacional
Ese último punto merece atención. La familia no creó una fundación propia ni exigió administrar los recursos: los entrega a los mecanismos institucionales del Estado. Eso implica confianza en el Gobierno, pero también traslada al Ejecutivo toda la responsabilidad sobre su correcta ejecución.
Por qué Cali: el vínculo que explica la decisión
En su carta, la familia explicó las razones detrás del destino elegido. Recordaron que su núcleo familiar ha encontrado en Colombia su hogar durante más de cinco generaciones, y que Cali ocupa un lugar particular en esa historia.
La capital del Valle fue el escenario donde varios de sus proyectos empresariales cobraron vida, industrias que hoy generan miles de empleos directos e indirectos y que mantienen vínculos cercanos con las familias de sus trabajadores en la región.
No es una donación abstracta a un país en abstracto. Es una familia devolviendo algo a la ciudad donde construyó buena parte de su patrimonio. Y esa lógica —la del empresario que reconoce que su éxito tiene raíces territoriales— es exactamente la que Colombia necesita ver más seguido.
La dimensión real de lo que falta
Ahora la parte que exige honestidad, porque celebrar sin contexto sería hacerle un flaco favor al lector.
Los 150.000 millones son una cifra enorme para una donación individual. Pero conviene ponerla en perspectiva frente al tamaño de la tragedia:
El tamaño de la emergencia
- → 289 personas fallecidas, 4.187 heridas y 143 desaparecidas
- → 26.945 viviendas destruidas y 127.557 averiadas
- → 185.016 personas afectadas en 450 municipios de 15 departamentos
- → Pérdidas totales estimadas: 30 billones de pesos (unos 9.500 millones de dólares)
- → Solo la reconstrucción de Cali: cerca de 10 billones de pesos, según el alcalde Alejandro Eder
Hagamos la cuenta sin adornos: la donación de la familia Gilinski cubre alrededor del 1,5% de lo que costará reconstruir Cali.
Eso no le quita mérito al gesto —al contrario, lo pone en su justa dimensión: nadie esperaba que una familia resolviera sola una catástrofe nacional. Lo que muestra es la magnitud del esfuerzo colectivo que viene por delante. El alcalde Eder ya lo dijo con claridad: la reconstrucción tomará entre dos y cuatro años, y la ciudad la está proyectando en tres.
No están solos: el sector privado colombiano se movilizó
La donación de los Gilinski es la más grande, pero no es la única. En los últimos días se ha activado una respuesta empresarial que merece registrarse porque muestra algo poco común en Colombia: coordinación.
Aportes del sector privado a la reconstrucción
- ✓ Acerías Paz del Río — acero para el Banco de Materiales de Construcción
- ✓ Ultracem y Cemex — cemento para la reconstrucción
- ✓ Tecnoglass — 5.000 millones de pesos en ventanas
- ✓ Ecopetrol — 5.000 millones en ayuda humanitaria, alimentos y elementos de aseo
- ✓ Grupo Argos y su Fundación — cerca de 1.000 millones para agua potable
- ✓ Celsia — maquinaria amarilla para labores de rescate
- ✓ Cerámica San Lorenzo — productos para construcción
- ✓ DHL y Avianca — más de 100 toneladas de ayuda movilizadas desde Miami
Hay un detalle en esa lista que vale la pena notar: varias empresas no están donando dinero sino insumos específicos —acero, cemento, ventanas, maquinaria—. Eso es más eficiente de lo que parece, porque reduce intermediación y disminuye el riesgo de que los recursos se pierdan en el camino.
La responsabilidad que ahora recae sobre el Gobierno
Aquí está el punto que este blog viene señalando desde que se declaró la emergencia.
Cuando una familia entrega 150.000 millones de pesos y pide expresamente que se canalicen por los mecanismos oficiales, está depositando una confianza que el Estado tiene la obligación de honrar. Si esos recursos se diluyen en contratos opacos, no solo se pierde el dinero: se pierde la disposición del sector privado a volver a hacerlo.
Como escribimos al analizar la declaratoria de emergencia económica y el Fondo Milagro, las emergencias han sido históricamente el escenario donde más dinero público se ha perdido en Colombia. Y ahora hay dinero privado en juego también.
Lo que hay que exigirle al Fondo Milagro
- 1. Trazabilidad completa de la donación: en qué hospital y en qué escuela se invirtió cada peso
- 2. Publicación abierta de los contratos derivados de estos recursos
- 3. Cronograma público de obras con fechas de entrega verificables
- 4. Informes periódicos a los donantes, como se haría con cualquier inversionista serio
Conclusión: en las tragedias se ve de qué está hecho un país
Colombia lleva una semana viendo imágenes duras. Edificios colapsados en Pereira. Familias buscando entre escombros. Médicos del Hospital Universitario del Valle atendiendo pacientes en condiciones extremas. Rescatistas mexicanos trabajando hombro a hombro con bomberos colombianos.
Y en medio de todo eso, también se ha visto otra cosa: gente que da lo que puede. Familias que reciben desconocidos en su casa. Municipios enteros organizando jornadas de donación de sangre. Empresas grandes y pequeñas poniendo camiones, cemento y dinero.
Los 150.000 millones de la familia Gilinski son la cifra más grande de esa lista. Pero no valen más que el mercado que llevó un tendero de barrio ni que las horas del voluntario que lleva cinco días sin dormir. Cada uno dio en proporción a lo que tenía, que es la única medida honesta de la solidaridad.
Ahora falta lo más difícil: que todo eso se convierta en hospitales funcionando y escuelas abiertas. Y eso ya no depende de la generosidad de nadie. Depende de la gestión.
Fuentes: El Tiempo · Semana · El Espectador · La República · La Silla Vacía
Nota: las cifras de víctimas y afectados corresponden al balance de la UNGRD disponible al 16 de agosto de 2026 y continúan actualizándose.
Seguimiento a la reconstrucción
Vamos a verificar que cada peso donado se convierta en hospitales y escuelas funcionando. Súmate al canal. Unirme al Canal de WhatsApp