Oiga, pero esto sí que no se veía en Colombia desde hace rato: Abelardo de la Espriella no le dio ni un solo ministerio a los partidos tradicionales. Ni uno. Y no es un rumor de pasillo ni una lectura mía sacada de contexto: basta con mirar el gabinete que se ha ido conociendo estos días para confirmarlo. Todavía falta por anunciar el Ministerio de Salud, pero todo indica que también será una persona técnica, sin carné de ningún partido, elegida por hoja de vida y no por cuota burocrática.
Y sí, esto merece un análisis con calma, porque es la primera vez en mucho tiempo que un gobierno colombiano arranca así. Vamos por partes.
Un gabinete sin la repartija de siempre
Para quien no esté metido de lleno en la política colombiana: durante décadas, armar un gabinete ministerial ha sido sinónimo de repartir cuotas. Cada partido que apoyó la campaña, o que se necesita para tener gobernabilidad en el Congreso, históricamente ha reclamado, y recibido, uno o varios ministerios, superintendencias o embajadas. Es la vieja fórmula del toma y dame que ha definido casi todos los gobiernos, sin importar el color político de turno.
Con Abelardo de la Espriella, esa lógica parece haberse roto, al menos en esta primera fotografía del gabinete. No hay ministerios asignados por cálculo político ni como pago de favores de campaña. Lo que hay, hasta ahora, son perfiles técnicos: gente con trayectoria en su área, no necesariamente con carné de un partido tradicional colgado en la solapa.
Es un cambio de guion que no es menor. Y como todo cambio de guion, genera preguntas legítimas sobre cómo va a gobernar alguien que decide no comprarse aliados en el Congreso por la vía fácil de los ministerios.
El Ministerio de Salud, la pieza que falta en el rompecabezas
De todas las carteras pendientes, la de Salud es la que más atención concentra. No es casualidad: es uno de los ministerios más sensibles del país, con un sistema que lleva años en crisis, entre discusiones sobre la reforma, las EPS, los hospitales públicos y el acceso real de los colombianos a la atención médica.
Que todavía no se haya anunciado el nombre genera cierta expectativa, pero las señales que se han filtrado apuntan en la misma dirección que el resto del gabinete: una persona técnica, con experiencia real en el sector salud, y no un nombre puesto ahí para satisfacer a tal o cual sector político.
Las ventajas de un gobierno técnico
Vamos a lo bueno, porque las hay, y no son pocas.
- Menos presión política sobre las decisiones técnicas. Un ministro que no le debe el cargo a un partido tiene, en teoría, más libertad para tomar decisiones basadas en datos y no en cálculos electorales. Eso es oro puro en carteras como Salud, Hacienda o Minas y Energía, donde una mala decisión política puede tener consecuencias que se sienten durante años.
- Mensaje claro al electorado. Para un sector importante de colombianos, cansados de ver los mismos apellidos rotando entre ministerios, embajadas y direcciones de entidades, un gabinete técnico manda una señal de ruptura con la vieja politiquería. Y en un país donde la desconfianza hacia la clase política es altísima, ese gesto tiene un valor simbólico que no se puede subestimar.
- Menos cuotas, menos corrupción asociada a cuotas. No es una regla matemática, pero sí una tendencia razonable: cuando un ministerio se entrega como pago político, es más fácil que ese ministerio termine funcionando como fuente de contratos y favores para el partido que lo reclamó. Al quitar esa variable, se reduce, no se elimina, pero se reduce, uno de los canales clásicos de la corrupción institucional en Colombia.
Y ahora, las «desventajas» (entre comillas, como debe ser)
Le puse comillas a las desventajas a propósito, porque muchas de ellas dependen más de cómo se manejen políticamente que de que sean un problema real. Pero hay que nombrarlas.
1. Gobernabilidad en el Congreso. Este es el punto más delicado. En Colombia, sin alianzas con los partidos, es extremadamente difícil sacar adelante leyes, reformas o incluso el presupuesto. Si Abelardo de la Espriella no repartió ministerios, la pregunta obligada es: ¿con qué va a negociar en el Congreso? Porque gobernar sin mayorías, o construyéndolas artículo por artículo, es un desgaste enorme, y la historia reciente colombiana está llena de gobiernos que terminaron cediendo justamente en esto.
2. Los partidos sin ministerios no se quedan quietos. Un partido que se siente excluido del gabinete no desaparece: se convierte en oposición, o en un aliado incómodo que cobra factura en cada votación importante. Eso puede traducirse en bloqueos legislativos, mociones de censura contra ministros técnicos que no tienen respaldo político propio, y un ambiente de tensión permanente entre el Ejecutivo y el Legislativo.
3. Los técnicos también se equivocan. Ser técnico no es sinónimo de infalible. La experiencia demuestra que un perfil técnico sin capacidad de manejar la parte política del cargo —porque todo ministerio, nos guste o no, tiene una dimensión política— puede quedar expuesto ante el primer error grande, sin el «colchón» de un partido que lo defienda en el Congreso o en los medios.
Entonces, ¿qué significa esto para Colombia?
Mi lectura, y lo digo desde la opinión personal que es la razón de ser de este blog, es que este es un gobierno que empieza jugándosela por la legitimidad técnica antes que por la estabilidad política tradicional. Es una apuesta arriesgada, porque en Colombia gobernar sin el Congreso de tu lado ha sido, casi siempre, sinónimo de gobiernos débiles o de gobiernos que terminan cediendo espacios más adelante para poder sacar adelante su agenda.
Pero también es una apuesta que puede salirle bien si logra mantener el respaldo ciudadano suficiente como para que el costo político de bloquear al gobierno le salga caro a los partidos tradicionales. Ahí es donde entra la opinión pública, las redes sociales, y espacios como este blog: en la construcción de ese respaldo o ese rechazo ciudadano que, al final, es el que le da o le quita oxígeno a un gobierno que decidió no jugar con las reglas de siempre.
Vamos a estar pendientes de quién termina llegando al Ministerio de Salud, porque ese nombramiento va a confirmar —o a desmentir— si esta lógica de gabinete técnico se sostiene hasta el final, o si termina cediendo como tantos otros gobiernos antes.
¿Tú qué opinas? ¿Un gabinete sin cuotas políticas es una buena señal o una bomba de tiempo para la gobernabilidad de Abelardo de la Espriella? Te leo en los comentarios.

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